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sábado, 13 de septiembre de 2008

Acuerdo nuclear Argentina - Brasil: ¿energía o geopolítica?

El anuncio realizado por los presidentes de Brasil y Argentina resulta preocupante. Más a la luz de la propia experiencia que han debido afrontar estos países en la construcción de sus plantas, Atucha II y Angra III, que han estado detenidas por más de dos décadas.
por Gerardo Honty

Los presidentes de Brasil y Argentina anunciaron el próximo 6 de setiembre en Recife (Brasil), la creación de una empresa binacional de energía nuclear. La nueva empresa, no sólo se dedicaría a la producción de energía eléctrica sino también al reprocesamiento de uranio, usos médicos y agrícolas y eventualmente su utilización en submarinos atómicos, de acuerdo a informes de prensa argentinos. Esta empresa no se limitaría al área geográfica de estos dos
países sino que espera ampliarse a toda Sudamérica donde según el gobierno brasileño se estarían construyendo entre 12 y 15 centrales nucleares antes de 2030.

El presidente de Industrias Nucleares de Brasil, Alfredo Tranjan Filho, dijo al periódico O Estado de San Pablo que “sería más eficiente crear una empresa binacional amplia, dedicada no solo al enriquecimiento de uranio sino también a otras oportunidades y necesidades de los países y del mercado ampliado de América del Sur en las áreas de salud, agrícola y radiofármacos”. La compañía se posicionaría como uno de los proveedores mundiales de uranio enriquecido, uno de los objetivos del gobierno brasileño, según Tranjan. “Además de los planes de Chile, Uruguay, Perú y Venezuela de instalar centrales nucleares, Argentina
cuenta con dos usinas en operación, pretende concluir Atucha II y planea construir otras dos usinas. Brasil mantiene Angra I, Angra II, construirá Angra III en 2014 y otras 6 usinas hasta 2030”.

La idea de esta empresa binacional fue uno de los 17 acuerdos alcanzados en el encuentro de los dos presidentes el pasado 22 de febrero cuando se creó el Comité Binacional de Energía Nuclear (Coben). Sin embargo la asociación no cuenta con el beneplácito unánime de las autoridades brasileñas, particularmente de la Marina: "No existe ninguna directriz Brasil-Argentina en la que esté involucrada la Marina de Brasil” respondió el Centro de Comunicación de la institución militar al periódico Estado de Sao Paulo. Sugestivamente, también se hizo
referencia al acuerdo que Brasil estaría programando con Estados Unidos, para asegurar las nuevas reservas de hidrocarburos halladas en el Atlántico, a ser patrulladas con nuevas embarcaciones, entre las que se menciona el submarino nuclear brasileño en fase de desarrollo.

El gobierno Lula no solo tiene problemas con la Marina con sus planes nucleares. Mientras varios estados se disputan la localización de las nuevas plantas, el IBAMA (Instituto Brasileño de Medio Ambiente, agencia encargada de otorgar las autorizaciones ambientales) ha dictaminado que Angra III recibirá la autorización –entre otras condiciones- cuando haya
encontrado una solución definitiva para almacenar el residuo nuclear producido en las usinas. El ministro de energía Edison Lobão por su parte ha afirmado que ese es un problema que no se ha solucionado aún en ningún lugar del mundo: El ministerio del “medio Ambiente no puede pedir una solución que no existe todavía. Brasil no está haciendo nada inferior o superior a lo que se hace con las 440 usinas nucleares esparcidas por el mundo entero” replicó Lobão. Es decir: ya que hay 440 problemas sin resolver, no tiene importancia agregar alguno más.

La Comisión Nacional de Energía Nuclear (CNEN) y Eletronuclear se comprometieron a encontrar una solución antes de 2010 para almacenar los residuos nucleares de manera segura “por 500 años”, una insignificancia si se considera que los residuos permanecen radiactivos por decenas de miles de años. El Ministro de Medio Ambiente Carlos Minc, aún no dio su
acuerdo a la solución pero todo hace prever que será aceptada. Lula dio 60 días para resolver la cuestión de la licencia ambiental de Angra III, mientras que el cronograma establecido por el gobierno indica para el año 2014 su puesta en funcionamiento y las presiones hacia el IBAMA son enormes.

En Europa entre tanto, la única nueva usina en construcción después del desastre de Chernobyl, Olkiluoto 3 en Finlandia, lleva un atraso de dos años y estima un costo cien por ciento mayor que el previsto inicialmente. Por otra parte los accidentes nucleares –o “incidentes” como le gusta decir a los representantes de la industria nuclear- ocurridos en lo que va del año han minado sensiblemente la imagen de seguridad que esta tecnología viene promocionando.

El pasado 5 de abril era denunciada una fuga de contaminación radioactiva en la central nuclear de Ascó (Tarragona, España), que al parecer se habría producido durante la última recarga de combustible nuclear, en octubre del año anterior. El 4 de junio, la Comisión Europea
activó nuevamente el sistema comunitario de alerta nuclear, tras un incidente en la central eslovena de Krsko, al suroeste de aquel país, debido a una fuga de 10 mil litros de refrigerante, y que obligaron a parar la central inmediatamente. El 7 de julio en la región Roman-sur-Isère en el sureste de Francia, se produjo un vertido de 74 kilos de uranio. Once días después, la Autoridad de Seguridad Nuclear (ASN) francesa detectó nuevos vertidos radiactivos en la misma usina. El 29 de julio esa planta nuclear reporta la tercera fuga radiactiva en menos de un mes. Los problemas en Tricastin llevaron al ministro galo de Medio Ambiente, Jean-Louis Borloo, a reconocer que se registraron unos 115 incidentes menores en las 59 centrales nucleares del país.

Finalmente el pasado 24 de agosto en la central nuclear de Vandellós II en Tarragona, España, se produjo un incendio que motivó la declaración de prealerta del Plan de Emergencia Interior (PEI).

En este contexto el anuncio realizado por los presidentes de Brasil y Argentina resulta preocupante. Más a la luz de la propia experiencia que han debido afrontar estos países en la construcción de sus plantas, Atucha II y Angra III, que han estado detenidas por más de dos décadas.

La única explicación plausible es que, en realidad, la apuesta de Brasil esté más vinculada a una estrategia geopolítica, orientada a ingresar en el “club” de las potencias nucleares pensando más en fines militares que energéticos. No en vano Brasil incluye en el paquete nuclear una planta de enriquecimiento de uranio, instancia necesaria para la alimentación de las armas atómicas.

El autor: G. Honty es analista de información en temas de energía y cambio climático en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social), Montevideo, Uruguay.

Fuente: Alainet.org

domingo, 10 de agosto de 2008

Biocumbustibles: Otro Fraude que se esconde bajo la mascára del ecologismo

Revista "GREENPEACE en acción" Número 54 | Invierno 2008

Desde hace unos años, los combustibles provenientes de cultivos se transforman en la solución que el mundo persigue para revertir el cambio climático; sin embargo, los últimos estudios científicos indican que no solo no disminuyen el calentamiento global, sino que además se ciernen como una nueva amenaza a los bosques nativos.

Hay algunos malentendidos, a veces malogrados, otras malintencionados, que avanzan a toda velocidad mientras engordan como una bola de nieve. Como el biodiesel, su boom económico, y su ¡bum! ambiental y social. A simple vista parece apenas una palabra energética y ecológica, pero detrás se esconde una trama compleja con riesgos surtidos y pocas ventajas. La Argentina, claro, no lo mira por televisión: tiene desde hace un año una ley que promueve su uso y producción, a pesar de que los últimos estudios científicos cuestionan con dureza su incentivo y los expertos denuncian que se trata de un negocio de exportación en explosión, favorecido por retenciones muy bajas, que de verde tiene poco y nada, y que podría en poco tiempo hacer subir aún más el precio de los alimentos.


La otra palabra clave todavía pequeño mundo ilustrado del biodiesel es la soja. Es un biocumbustible que se hace en base de aceite (de soja). María Eugenia Testa, integrante de la Unidad Política de Greenpeace, explica qué son exactamente los biocombustibles y por qué generaron importancia en los últimos años: "Los biocumbustibles empiezan a imponerse por dos cosas: para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y para terminar con la dependencia de los combustibles fósiles, sobre todo por el aumento del petróleo y por la inestabilidad política de los países que lo proveen. Hay que tener en cuenta que los biocombustibles que provienen de cultivos energéticos no pueden llegar a suplantar totalmente a los combustibles fósiles: se necesitaría una cantidad de hectáreas para cultivar que no existe. Por eso muchos países surgieron leyes para promover que el combustible proveniente del petróleo se "corte" con un porcentaje de biocombustibles". La reglamentación europea estipula un corte de los combustibles fósiles con un5,5 por ciento de biocumbustibles para el 2010 y el 17 por ciento para 2020.



Al determinarse el nivel de emisiones de los biocombustibles falló el complejo cálculo matemático que se lleva a cabo. Se puso en la balanza sólo la mitad de los elementos. Se partió de la base de que si es un combustible que proviene de una planta, cuando se queme, estaría emitiendo la misma cantidad de gases que la planta ya habría absorbido (las plantas durante la fotosíntesis eliminan oxígeno y toman dióxido de carbono). Y el resultado se promocionó como un balance neutro. Sin embargo no es cierto que el balance de mis emisiones de los biocombustibles sea neutro. Diversos factores relativos al insumo utilizado, posibles cambios en el uso del suelo, la tecnología utilizada, son factores determinantes del nivel de emisiones asociadas a un biocombustible dado. En el caso de la soja, hay varios factores a tener en cuenta. Uno de ellos, que deteriora enormemente su contribución climática, es que este cultivo ha estado impulsando la deforestación y por lo tanto su expansión ha generado enormes emisiones por pérdida de masa forestal y cambios en el uso del suelo. El problema es que el proceso es un poco más largo.

En los últimos tres meses diversos medios de comunicación como el diario británico The Guardian, la revista especializada Science y la ONG Nature Conservancy dieron a conocer nuevos estudios científicos que enterraron la vieja aritmética. Un estudio realizado por el Smithsonian Tropical Research Institute, con un método suizo, sobre 26 biocombustibles mostró que si bien durante la quema de veintiún combustibles mostraba una reducción de emisión de gases, comparados con las naftas petroleras, de más del 30 por ciento; 12 de ellos -casi el 20 por ciento- tienen peores impactos ambientales que los combustibles fósiles. Y en esa docena está el producto con el cual la Argentina pretende competir en el mercado de los biocombustibles: el biodiesel a base de soja. a una conclusión similar llegó una investigación de la Universidad de Minnesota.

"En el mundo los casos más graves son los de Indonesia y Malasia. Ahí se avanzó sobre bosques prístinos. Entonces lo poco que podés ganar con el biodiesel lo perdés abriendo estas nuevas tierras. Un fenómeno parecido, pero a otra escala, puede ocurrir aquí en Argentina con la soja y el monte", subraya el biólogo Roque Padace, miembro de Amigos de la Tierra (www.tierra.org).

El agronegocio. "Esto es explosivo", dice, sin medo a equivocarse, el prestigioso economista Jorge Schvarzer. Un grueso documento elaborado hace muy poco por el Centro de Estudios de la Situación y Perspectiva de la Argentina (Cespa) de la UBA -que
Schvarzer dirige- puso la lupa sobre los números del boom del biodiesel argentino.


Un negocio con una historia corta, de apenas dos años, que creció a ritmo exponencial en 2006 y 2007: a razón de un 50 por ciento cada 12 meses. La Argentina produce 745.156 metro cúbicos por año de biodiesel y, muy pronto, cuando se terminen de construir plantas que ya están en marcha, multiplicará por cinco -o seis- ese número. En 2007: a razón de un 50 por ciento cada 12 meses. La Argentina produce 745.126 metros cúbicos por año de biodiesel y, muy pronto, cuando se terminen de construir plantas que ya están en marcha, multiplicará por cinco -o seis- ese número. En 2007 exportó por más de 268 millones de dólares. El secreto de la avalancha de inversiones es la ley, vigente hace algo más de un año, que alienta el uso de este biocombustible, acompañada de una promoción económica importante: mientras la exportación del poroto o soja, o del aceite, tienen una retención del 40 por ciento; el biodiesel sólo deja en arcas estatales el 20 por ciento y, todavía, recibe un reintegro del 2,5. Se hicieron inversiones por unos 200 millones de dólares y los planes de negocios prevén una recuperación total de lo invertido en apenas en año. Producir biocombustibles para el mercado interno no es negocio por el precio subvencionado del combustible basado en el petróleo. La gracia es venderlo afuera. Entre las plantas que está en construcción, las que se anunciaron, y las que ya funcionan, se calcula que se producirán en el futuro cercano 4 millones de toneladas anuales de biodiesel. Para eso se necesitarán nueve millones de hectáreas más cultivadas de soja. Es mucho, si se tiene en cuenta que hoy hay 17 millones de hectáreas cultivadas (es decir, que la soja cultivada debería crecer un 50 por ciento)